jueves, 13 de diciembre de 2007

EROS


Nunca supe cuál era mi oficio y mucho menos entonces, cuando aquel personajillo que solía rondar mis sábanas -Tinieblo, lo llamaba Isabel- dejó un vacío en mi vida y se fue con su colección de látigos de cuero a otra parte. Hasta entonces había tenido poco donde escoger, de día era una teleoperadora eficiente, a la que le gustaba vestirse a lo monja -eso sí, sin bragas, para no perderme del todo a mí misma- y de noche, qué os voy a contar, de noche era una esclava sumisa, experta en chupar zapatos y pasearme, como una perra en celo, a gatas por la alfombra, a las caprichosas órdenes de Tinieblo, mi Amo y Señor.
Me gustaría decir que mi adicción al spanking viene de la literatura o de las pelis sadomaso de María Beatty, a las que me aficioné por Dolmancella, mi siguiente dominatrix. Así no tendría que nombrar a Sor Angustias, aquella monja carmelita de cara palida, como una patata pelada, que gustaba de pegarnos con la regla justo por encima de los muslos; ni a Josemi, mi primer novio que siempre disfrutó estrellando contra mi culo sus Toyota Célica de escalextri; ni a Jacinto, mi antiguo encargado de la planta infantil en el Zara, a quien entregué mi virginidad porque –oh, dios mío- me había hecho descubrir las virtudes escondidas de las perchas, especialmente de las de madera.
Durante un tiempo hice de todo: cuidar niños, lavar cabezas, sentarme en la caja de un supermercado, vender ofertas telefónicas a domicilio, poner copas y hasta ser teleoperadora en un sexshop de lujo. Fue allí donde conocí a Tinieblo -quien para mí siempre fue treintacentímetros- y descubrí mi verdadera vocación: servir. Servir dócilmente y con toda la ternura posible a cualquier dómino o dómina que me elija. Eso sí, sin cobrar, porque yo en esta vida todo lo hago por amor, si no por qué coño iba a tener una zorra sumisa como yo una perrita cocker – que usa mi misma talla de collar- con un nombre tan romántico y ridículo como Eros.

3 comentarios:

Mónica González Caldeiro dijo...

qué gratificación la de receptora de sodomía kitsch...

Mónica González Caldeiro dijo...

Un apunte: todavía me parto con Tinieblo treintacentímetros... creo que le conocí en otra vida ;-)

LILITH dijo...

yo apuesto a que también... en qué maldito/bendito club de Jazz sería? :-)