Hace tiempo que quiero y no puedo escribir la historia de mi parto, lo estoy haciendo a mano como en los viejos tiempos, y en el mismo diario que escribí para Zambra durante el embarazo porque creo que este relato le pertenece por derecho propio. Llegar hasta aquí no ha sido fácil, muchos meses de trabajo interno han sido necesarios pero hoy las lágrimas me ahogan y creo necesario dejarlas fluir.
Mi parto son muchos partos, lo he analizado lógicamente, lo he revivido en lo oscuro, lo he soñado como pesadilla, como curación… mi parto son muchos partos porque yo soy muchos yoes y cada vez es uno el que recuerda. Si hay un momento en la vida de una mujer que puede provocar ambivalencia ese es el parto, el acto supremo de Creación para una mujer artista como soy yo.
Mi parto ha sido el momento más hermoso de mi vida y también el más duro, ha sido un parto natural y un parto medicalizado, ha sido lo más íntimo y lo más ultrajante. A veces creo que fueron dos partos en uno, a veces pienso que mil.
Todo empezó con un maravilloso encuentro sexual, unas horas después comenzaron los tres días íntimos de preparto en casa, en mi barrio, durmiendo cada 7 minutos entre contracción y contracción, sola cuando lo necesitaba y dulcemente acompañada. Zambra se había decidido salir y yo estaba preparada. Jamás me he sentido tan entera, tan capaz, tan tranquila, escuchaba la música escogida, me alimentaba, intentaba descansar y danzaba a la luz de las velas. El cuarto día las contracciones se hicieron más seguidas, eché a mi hermana y a mi madre de casa, y mi pareja y yo nos quedamos a solas él echando cabezaditas y apuntando contracciones, yo relajada, acompañando el dolor, agarrándome donde podía cuando llegaba una contracción y después dejándola ir. Tras seis horas, la última con contracciones cada 4 minutos, decidimos ir al hospital, que no estaba nada cerca nos vestimos con calma, una última foto y a por la maleta de Zambra que llevaba tres meses preparada porque la nena podía haber sido prematura, aunque llegó puntual a sólo tres días de la fecha de parto prevista.
Pasé las seis horas siguientes en la sala 5 de dilatación del hospital Sant Pau: música y ropa traídas de casa, mordedores, zumos y agua de extranjis, una vía con un tapón que me molestaba, los monitores que te dejan moverte puestos más de lo que hubiera querido, les pedía que me los quitaran y ellas que un ratito y otra vez, horas colgada de mi pareja, con dolor pero feliz, apoyada en un rincón gritando fuerte, moviéndome, intentando abstraerme dentro del dolor… mucho frío, demasiado (es la sala de dilatación con ducha pero está al lado del quirófano y tiene temperatuta fija de 18 grados, craso error), matronas que entran pero que no molestan demasiado, me niego a los tactos innecesarios varias veces, se respeta mi decisión de parto natural y mi plan de parto hasta las 7 de la mañana cuando les entran las prisas: llevaba seis horas allí y sólo había dilatado un centímetro más que en casa (total sólo 4 cm), según ellas la dilatación estaba parada y yo debía parir en x horas. Hablo e intento razonar con ellas, les pido esperar pero la cosa no mejora, un par de horas después al final accedo a romperme la bolsa, no me gustó el ir contra reloj, hacía tres horas que me insistían en la oxitocina y en la epidural, me sentía presionada y cansada. Las contracciones eran muy dolorosas de 120 pero seguía sin dilatar más, al final me pongo la walking epidural porque sé que si no no podré aguantar la oxitocina de la que ya no me libro, soporto muy mal al guasón del anestesista de turno diciéndome que ahora si que estaba a gustito que no sabía porque nos empeñábamos en sufrir, le miro fríamente y le digo que me ponga poco que no pienso estarme tumbada. Algo se me empieza a romper por dentro, cuando una llega a un parto medicalizado sin saber nada más igual está tranquila, cuando una lleva tiempo preparándose para un parto natural, conoce los riesgos de todo y está informada la cosa no es tan fácil, sabe que es posible que las cosas se compliquen. Dilaté el resto en 2 horas pero de ahí al expulsivo pasaron 5 horas más porque la niña no acababa de bajar, cosa normal.
En el momento del expulsivo me rompí dos veces, en un plano físico me perforó mi hija de un modo distinto al que hubiera querido, salió por el canal de parto, por dónde tenía que salir, pero no me dolió, no me partió en dos, a pesar de no estar paralizada y de poder empujar, no notaba las contracciones, es más, media hora antes de nacer Zambra me entró mucho sueño, casi me estaba durmiendo. Es tan triste para una mujer como yo, ver que el momento más importante de su vida está a punto de ocurrir y una está tan tranquila, no en trance y dolorida, como es natural, que es lo que te hace estar presente... el dolor te mantiene viva en ese momento, lo sabía antes del parto y lo supe entonces y lo eché en falta… es esa ausencia de dolor lo que intento sanar con las sesiones osteopáticas internas, ver que mi hija era la que salía y desterrar la imagen de que me la sacaban.
En un plano emocional me rompí también, hubo un momento en que no me sentí respetada, mi acto privado pasó a ser público, y yo que tanto había deseado intimidad me convertí en materia viva de una clase (algo que yo había pedido expresamente que no ocurriera en el plan de parto pero que no se respetó) y eso me dolió más que todo lo demás, más que la oxitocina, la epidural y las espátulas; casi tanto como la creencia errónea de haberle fallado a mi hija y a mí misma por no haber podido dar a luz con un parto natural. Hoy menos sensible que hace unos meses me doy cuenta de que por desgracia no todo depende de una, de que no era el lugar, ni el personal apropiado, de que no es tampoco todo culpa del hospital, de que este es un mal mayor, un mal social, global: es la ley de la oferta y la demanda, partos medicalizados para mujeres educadas en querer partos medicalizados, mujeres sometidas e instrumentalizadas que dan a luz a futuros cuidadanos también sometidos y que se convertirán en futuros instrumentos, algunas sabemos que hay demasiado poder en una mujer “salvaje”, en un parto natural… pero hay alguien más por ahí arriba, un hombre, que también lo sabe.
Aquel día me dolió parir enfadada, gritándole al ginecólogo una y otra vez que dejara de dar clase… me dolió la rabia… hoy sé que es mejor que parir resignada, me dolió sentirme impotente pero hablé y eso me dio potencia, me dolió que mi hija pasara a un plano paralelo en un momento crucial mientras me zurcían a 4 manos una cicatriz que no quedó muy bien y ha dejado sus secuelas, pero ahora sé que insulté y que mientras acariciaba con una mano,a mi hija puesta sobre el pecho, a gritos me defendí y que lo hice también por ella.
Si de algo puede estar orgullosa mi hija, aunque su parto no fue tan hermoso como yo hubiera querido, es de que su madre dio a luz protestando (como ha hecho siempre), quejándose por algo que consideraba injusto, reclamando los derechos de ambas, su madre dio a luz de una manera entera y consciente a pesar de la situación, aunque fue instrumentalizada no se convirtió en instrumento, tal vez aquella rabia era la única manera de afirmar que yo estaba todavía allí, que aquel parto era mío, mejor dicho, que aquel parto, a pesar de todo lo ocurrido, Zambra, era nuestro.







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