domingo, 27 de enero de 2008

Simulacro de poeta (A)


Defiendo la inteligencia y la imaginación
José María Álvarez

Me has dicho que es todo un simulacro: mi amor recalcitrante por ti, los versos y el crujir de las horas. Te aplaudo. Admito sin titubear que llevas razón. Este amor obstinado y terco como un mulo. Esta ilusión tenaz por convertirte en lo que no eres... ¿Por qué habría de distinguirme yo de Arthur Miller o Carl Sanburg y renunciar al deseo de posesión de Marilyn? Un piano humano, objeto o cuerpo, llámate como quieras amor, hoy que por fin nos hemos descubierto ¿Es que no sabes que me estoy reconstruyendo bebiendo de tu sexo y mi imaginación? ¿Acaso no me has visto caer de rodillas ante tus piernas y contar uno a uno los pliegues de tus muslos? A veces me parezco demasiado a lo que detesto, desfallezco histriónicamente ante un mito (entiéndase mito como una voluptuosidad o un deseo carnal febril que no atiende a razones). Defiendo la inteligencia y la imaginación del cazador que entre las piezas del museo elige su presa para llevarla a casa y observarla a solas. A la pregunta de qué pinta el i-ching en todo esto, te respondo que es cuestión de vacío. Es brutal tu ceguera, pero no hablemos de la mía que, pigmaliona obsesiva, a fuerza de crearte, te toco y te toco y no te veo.

1 comentario:

Maga Despistada dijo...

Me ha traspasado este simulacro de poeta. Es genial. Felicidades, Lilith. ¿Lo ves? El otro día calentábamos motores, y ahora parece que la carrera a mil por hora volando por los aires está a punto de empezar.