sábado, 31 de mayo de 2008

Vivir la vida








A veces la gente disfruta poniéndose limitaciones. Yo misma tuve esta enfermedad en el pasado, aunque no fue demasiado grave, ni duradera la afección. Hay libros que no se pueden leer, películas que no se pueden ver, escritores censurados, poetas malditos y maldecidos, poetas benditos e infumables, programas de televisión prohibidos aunque una esté con fiebre y su cuerpo no dé para nada más. Mujeres que no han llevado ni una vez en su vida tacones ni maquillaje por si acaso dejan de ser feministas (como si fueran cosas totalmente opuestas), otras que jamás han salido a la calle con la cara lavada, por si encuentran casualmente al “hombre de su vida”. Gente que casi no sale del gimnasio y gente que, aunque le apetezca, no lo pisará jamás (porque ¿qué hace un intelectual en un gimnasio?, recupero una frase “opusiana”: pecado mortal). Nada, que la vida son cuatro días para perderse la mitad poniéndose complicaciones. A mí me gusta la gente auténtica llena de incongruencias, secretos y contradicciones, que igual sirve pa’ un roto que pa’ un descosío. Me costó años aprenderlo, pero valió la pena.


Pd: Ah y las faltas de ortografía me producen una ternura infinita!




3 comentarios:

MBI dijo...

¡Mil alegrías! encontrar tu blog, Rebecca. Comparto toda la entrada, las faltas ortografía (es una lata la "corrección"), los tropiezos, el maquillaje, la hombría, la sensatez y la insensatez, los tacones y las chancletas.
La intensidad se lleva mal con las trabas. Hay que obviarlo todo, todo, lo que no sea vivir.
Pongo un link.

doctora dijo...

abajo los muros de nuestras prisiones!!!

Maga Despistada dijo...

Tienes toda la razón del mundo. Y al escribirlo nos has hecho un poco más libres. Tengo ganas locas de verte un día de estos. La sabiduría te hace cada vez más dulce. (Tú que siempre pides la sal en los bares).

Un abrazo.